Los espíritus xapiripë

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La iniciación de los pajés o chamanes es dolorosa y extática. A lo largo de la misma, son dirigidos por los más antiguos y aprenden a “ver/conocer” a los espíritus xapiripë y a responder a sus cantos, inhalando –durante una gran cantidad de jornadas- el polvo alucinógeno yãkõana (resina o fragmentos de la cáscara interna del árbol Virola sp. seca y pulverizada).

Los xapiripë pueden ser vistos bajo la forma de miniaturas humanoides adornadas por una gran cantidad de ornamentos ceremoniales brillantes y multicolores. Su baile de presentación es comparado a la ruidos y alegre llegada de los grupos invitados, ricamente adornados, durante la fiesta intercomunitaria reahu. Son, más que nada, “imágenes” chamánicas (utupë) de entes de la selva. Se pueden observar xapiripë de mamíferos, de pájaros, de peces, de batracios, de reptiles, de lagartos, de quelonios, de crustáceos y de insectos. También hay espíritus de diferentes árboles, espíritus de hojas, espíritus de ficus, de las mieles silvestre, del agua, de las piedras, de las cascadas de agua… Muchos son, también, imágenes de entidades cósmicas (la luna, el sol, la tempestad, el relámpago y el trueno) y de personajes mitológicos.  Se pueden observar, asimismo, xapiripë humildes y caseros como el espíritu del perro, el espíritu del fuego o el de la olla de barro. Finalmente, se verifican los espíritus de los “blancos” (los napënapëripë movilizados, a través de la homeopatía simbólica, para combatir las epidemias) y los de sus animales domésticos (gallina, buey y caballo).

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